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Stockholm

Las dos caras del miedo

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Ayer vi una breve historia de amor entre un hombre y una mujer contada cinematográficamente. Un claro ejemplo del miedo, en dos perspectivas diferentes, a enamorarse. Tenía muchas ganas de ver esta película y unas altas expectativas puestas en ella, y  la verdad, no me defraudó. La película de la que os hablo es Stockholm, de Rodrigo Sorogoyen.

Un rodaje que no debió ser muy pesado, ya que las localizaciones de la película son mínimas y el reparto está prácticamente completado por dos actores, Javier Pereira y Aura Garrido.

Creo que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido como él, como ella o como los dos. El texto está tan bien escrito que es imposible no identificarse, lo cual, lleva a uno mismo al conflicto, y es por está razón que la película ha cumplido uno de sus principales objetivos.

A mi parecer, un guión brillante que te conecta con la situación. Palabras, anécdotas, armas de seducción que hemos experimentado TAL CUAL.

Un tema del día a día, contado en todas partes por activa y por pasiva, pero de manera, en este caso, sutilmente perfecta. Una verdad absoluta. Él tiene miedo al compromiso y ella a sufrir por amor. Él se abre y se maneja cómodo por la noche, con unas copas de más, seguro, directo e insistente; y ella de día, sin copas, sin palabrería fruto de un pedo etílico. Desconfiando de él cuando lo conoce por miedo a que sea una farsa y solo quiera sexo de una noche. Hombres, así nos sentimos el 90% de las mujeres cuando entráis a cazar, sea cierto o no que os gustemos. Aunque nosotras también queramos sexo, lo que más queremos es ser especiales y únicas para vosotros. Si queréis entender a una mujer, fijaos en el personaje de Aura, aunque esté llevado al extremo.

Cuando ellos se conocen se genera en el espectador una inquietud que te mantiene atento. Quieres que se enrollen. Vives con los personajes esas emociones que cada uno de nosotros vivimos en primera persona cuando acabamos de conocer a alguien. El deseo, la incertidumbre, la atracción, el morbo de quiénseráestapersonaquemeponetanto.

Cuando pasa lo que tiene que pasar, ella se relaja y él se tensa. Justo lo opuesto a la noche anterior. Se intercambian los papeles. Ahora él rehúye y ella apuesta. Y él se sincera, no es que no le guste ella, es que le incomoda la intimidad, las horas después, la luz del día, el ser él mismo sin deshinibirse… En fin, la vida.

Cuando por fin parece que vuelven a “reencontrarse”, un giro inesperado hace que de nuevo, tengamos un conflicto entre esta pareja, que parece condenada a no entenderse en una hora y media de película.

Qué difícil es el amor, ¿verdad?

 
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