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Los mensajes en cadena apestan, y lo sabes.

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Hoy quiero abordar un tema que nos afecta a todos: Los mensajes en cadena.

A día de hoy, quien no haya sido víctima de recibir un mensaje encadenado, es porque pertenece a la Guardia de la Noche. Cualquier otro ser lo ha recibido en cualquiera de sus múltiples formatos.

Desde los odiosos mails con 200.000 contactos sin copia oculta, aquellos que te auguraban un mal presagio si no lo reenviabas al menos a 20 de tus contactos, hasta los más modernos whatsapp que te llegan diciendo: “Ey hola, soy el creador de Facebook…”. El mensaje en cadena nace, vive, se reproduce y nunca muere. Entra en una especie de bucle de reinvención para atormentar nuestras bandejas de entradas.

En serio, nadie se pregunta de dónde vienen, a dónde van, cuál es su fin en esta vida, quien los manda, o mejor aún, ¡quien los crea!

A mí eso me quita el sueño. Imaginar a una persona una tarde de domingo cualquiera diciendo: “Me voy a cascar un mensajito en cadena a ver qué pasa”. Y empieza a escribir una lista de gilipolleces, pide que se reenvíe o aparecerá Rajoy a mitad de la noche con shorts en el fondo de tu armario y se queda tan ancha.

¿Es así como empiezan? ¿En un domingo de insoportable aburrimiento?

Por otro lado. La gente que los recibe y dice: “Uy que miedo, ¡que viene Rajoy en shorts!” Y considera que haciendo ese reenvío masivo y desconsiderado de un mail de mierda la premonición se quedará en agua de borrajas. En serio, ¿en qué estáis pensando? ¿de verdad hay alguien que se lo crea? ¿Acaso quien reenvía lo hace porque ve en ese acto algún tipo de diversión que yo jamás he alcanzado a ver?

Si no hubiésemos tenido ya bastante con los mensajes en cadena vía mail y whatsapp ahora llega lo último de lo último: Las nominaciones a través de Facebook. 

“Te nomino a pagar una cena si no cuelgas una foto tuya de cuando eras pequeño. Además tienes que continuar este absurdo nominando a otras 3 personas”

A mi este mensaje no me ha llegado. Tal vez porque la gente ya se ha dado cuenta de que soy lo suficientemente estúpida como para no participar de algo tan sin más, o tal vez porque a nadie le interesa ver lo comestible que era de pequeña, porque yo antes molaba.

El caso es que me parece una sosez de escándalo y una mamarrachada poner foto de cuando eres una cosita enternecedora. Una foto destinada a recoger un montón de “oy oy oy oy y” otro montón de “ay qué monísima” y algún que otro “cómo has empeorado con los años”.

Mucha gente las cuelga porque se viene muy arriba y les hace muchísima gracia el juego. Otros los hacen por compromiso puro y duro, el mismo compromiso por el que aceptas a la de granos que fue contigo a clase particular de matemáticas. Al final queda un tanto por ciento muy pequeño que comienza a dejar en sus muros mensajes de “basta ya” y lanza retos realmente interesantes. Hace unos días leí como un amigo pedía carnaza de verdad, de la de la buena! fotos de la edad del pavo, esa edad en a que los chicos tienen una sombra bajo la nariz más grande que los morros de Carmen de Mairena. Fotos de esa edad en la que las chicas tenemos los pechitos como conos y granos hasta en el frenillo. Con un reto así sí que íbamos a cenar gratis a costa de nuestros amigos,  no pidiendo fotos nuestras soplando la primera vela de cumpleaños.

 

Screech

Screech Powers también tuvo la edad del pavo.

 
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