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Modales desmedidos

¿Modales desmedidos?

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¿Estamos atados por el código de la “buena educación”?

Me encuentro a miles de metros sobre tierra firme. Estoy en un avión desde Boston a Madrid, intentando leer un poco y viendo una película, como cualquier otro pasajero en clase turista, intentando matar el tiempo en un espacio ridículamente pequeño y sintiéndome encerrada como sardinas en lata.

En mi viaje por Estados Unidos, y concretamente por Nueva Inglaterra, he podido valorar y tener un nuevo enfoque respecto sobre los modelas americanos. Desde el estado de Maine hasta la Gran Manzana, todo son puertas que se abren para dejarte pasar, un “por favor”, los camareros se introducen con su nombre y te preguntan de forma educada qué desea tomar y al más mínimo contacto físico involuntario siempre aparece un “lo siento”. Hasta se pide “lo siento” al salir del baño, abrir la puerta y encontrarte que otra persona sale mientras tú entras.

Modales Desmedidos

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Los americanos suelen reírse del exceso de educación de los canadienses, y no lo es menos en Boston: un gesto frío, pero educado. Ellos no serán muy buenos socialmente hablando, pero siempre te tratarán con respeto, seas un vagabundo o el hombre más rico del mundo.

Pero una vuelve a la realidad española, y se encuentra con un choque muy diferente: nuestra cultura es abierta, sociable y despreocupada. Tenemos la idea comúnmente europa -diría francesa- del “tengo mi derecho a x”. El problema no es que lo gritamos a los cuatro vientos con una bandera bajo nuestro brazo y cantando el himno nacional llorando y orgullosos como los americanos. No. Nosotros lo hacemos a golpe de grito y “mala educación escondida”. ¿Cómo es posible? Denotando un tono bastante despreciativo. Nuestro típico “Perdona pero…” no quiere dar a entender la educación “gentleman” de los ingleses, sino un toque de atención que deja bastante que desear.

Aún así, no me quejaría si los españoles lo dijésemos, siempre que denotase educación. Que la hay, no lo niego. Pero no lo damos a entender. No nos gusta la humildad al admitir tu propio error al modo japonés.

Si esto se une a que tenemos una idea muy equivocada de lo que significa para nosotros “tener el derecho a” ciertas circunstancias pueden convertirse en  un ambiente hostil en muchas ocasiones.

Desgraciadamente, en el avión no ha sido una excepción: mi inmersión en la cultura ajena (en este caso, la americana) se ha infiltrado tanto en mis venas que hasta prefiero contestar educadamente en inglés con acento americano a los españoles aunque sepa que son compatriotas míos. Se me pasará en un par de días. O meses. O quizás nunca, quién sabe.

En el avión te encuentras personajes muy particulares. Cada ser humano es una ración individual de genialidad, inteligencia, y también, como decía Unamuno, estupidez. Tal es mi suerte, que o encuentro las personas más amables, buenas de corazón e increíbles que me haya encontrado en mi vida sentados a mi lado, o simplemente, a sujetos poco deseables. Un avión no sólo está comprendido por pasajeros: la tripulación puede hacer que tu vuelo sea lo más agradable del mundo (mi madre siempre me ha dicho que una sonrisa abre puertas, y cualquier persona que trabaje en el sector servicios, debe sufrir malas caras, muchas horas de pie y malas contestaciones. La próxima vez que vean a su azafata o sobrecargo, a su camarero o a la señora de la limpieza de vuestro edificio/oficina, sonríeles, son personas maravillosas que hacen que nuestras vidas sean mucho más fáciles) o una pesadilla (Ryanair, por favor, tomad ejemplo, la bordería no es una buena táctica de mercado). Pero además, hay perros, gatos, bebés, niños, y animales de todo tipo y calibre.

Banda

Fragmento de la película Aterriza como puedas

Aquí radica mi problema: el derecho a todo que pensamos que poseemos por pagar viaje en avión. O más bien por estar a cargo de algo o de alguien. Sobre todo el caso de animales y niños: llanto continuo, vomiteras, meados, horas sin dormir o madres que se pasean con el crío por todos los lados. Respecto la decisión que se toma al decidir que un animal domestico o un niño viaje, pero entonces MADRES y PADRES (para mi un animal es una responsabilidad igual de grande que un hijo/a) entiendan que ustedes tienen una RESPONSABILIDAD y un DEBER: y no sólo con sus hijos, que son los primeros, sino también con el resto de viajeros. Saben perfectamente los problemas que conlleva tomar dicha decisión, aguanten a sus hijos ustedes, yo no tengo porqué soportar que por tener al perro suelto, se mee en mi bolsa, el niño no pare de llorar y Ud. decida no atenderle porque ya está acostumbrando y “ya se callará” o me digan que no tengo el derecho de pasar por un pasillo al baño porque su niño está dormido y la cadena del cuarto de baño le molesta. Si quieres privilegios y comodidad extras, paguen primera clase y déjenme en paz. Pero yo no tengo porque entender.

Socorro

¡¡¡¡Socorroooooo!!!

Desgraciadamente he viajado tantas veces a lo largo de mi corta vida que he experimentado en propias carnes todos los ejemplos anteriores que les he mencionado. Yo entiendo que no se puede controlar un ladrido, un lloro, que los niños tienen unos horarios de comida y sueño y que como padre, eres el primero que los amas y los odias, pero intentad molestar lo menos posible al resto de personas. De la misma manera que yo pongo al mínimo mi volumen de música, bajo el brillo de mi pantalla o escribo sin dar portazos a las teclas (que suelo hacerlo), “intentar” organizar mis cosas sin invadir el espacio personal del resto de las personas a bordo y cerrar los ojos cuando se apagan las luces aunque no me apetezca dormir, igual podrían hacer los padres y madres de cualquier vuelo, sea local o internacional. Es sentido común.

soportar

Yo NO tengo porque soportarlos

El problema es que los padres y madres piensan que el resto del mundo va a intoxicar a sus hijos, tienen ese instinto -totalmente comprensible- de protección, y no piensan que sus propias acciones pueden también intoxicar la actitud de sus hijos en el futuro. Y por ser una madre o un padre, no, y repito vehemente NO tengo porque entendeos. Yo he decidido no tener hijos por propia decisión, respeta que yo no los quiera, de la misma manera que Ud. sí. Pero yo NO tengo porque soportarlos. No existe el “derecho de padre/madre” a molestar a las otras personas por tener ese status de tremenda responsabilidad y estrés. Quizás deberíamos de intentar “copiar” a los americanos pensando que somos especiales (los niños en el jardín de infancia cantan una canción popular llamada ‘I’m Special’) y pensar que todo se basa en simplemente sentido común, no en un derecho inventado en vuestras cabezas. No podemos imponer nuestros hijos al resto. Por mucho que se diga un “perdona” si sigue un “pero” detrás, denota que ese perdón no es sentido en el corazón.

Han apagado las luces, y como debo predicar con el ejemplo, cerraré los ojos. Buenas noches Boston, buenos días Madrid.

Post creado por Sonsoles Costero Quiroga

 
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